BepiColombo, una misión conjunta de la ESA y la JAXA, alcanza este jueves un hito decisivo en su viaje al planeta Mercurio tras casi ocho años y 9.900 millones de kilómetros recorridos desde su lanzamiento en octubre de 2018.
Esta tarde, a las 14:00 horas (CEST), se producirá la separación del Módulo de Transferencia a Mercurio (MTM) que ha guiado a las dos naves científicas —el orbitador europeo MPO (Mercury Planetary Orbiter) y el japonés Mio (Mercury Magnestospheric Orbiter)— hasta las inmediaciones del planeta. «De aquí a enero de 2027 se completarán las maniobras restantes para situarse en la órbita definitiva y comenzar a operar. Comienza la etapa más emocionante: ver cómo todo ese trabajo se convierte en ciencia real», señala Ana Belén Balado Margeli, responsable del proyecto en el INTA.
Mercurio es un planeta pequeño, extremo y, sin embargo, fundamental para comprender cómo se formaron los mundos rocosos del Sistema Solar. Es el planeta más cercano al Sol y el más pequeño del sistema solar, posee una estructura peculiar, dominada por un enorme núcleo de hierro, además de un campo magnético que todavía plantea muchas preguntas. Su superficie conserva las huellas de millones de impactos, vulcanismo y cambios tectónicos, mientras que, en sus cráteres polares, protegidos de la luz solar, puede existir agua en forma de hielo. Estudiar Mercurio es asomarse a una de las primeras etapas de la historia planetaria: el objetivo de BepiColombo, comenta Miguel Mas, investigador principal de la participación española del instrumento MIXS, «es estudiar la topografía y la composición química de la superficie de Mercurio, un planeta que alberga las trazas de la nebulosa primordial de la que se formó el Sistema Solar».
Uno de los instrumentos principales de BepiColombo es el MIXS, Mercury Imaging X-ray Spectrometer. Este instrumento captará imágenes de rayos X generados cuando la radiación solar incida sobre los átomos de la superficie del planeta. Gracias a esas imágenes, los científicos determinarán la composición elemental del suelo de Mercurio y comprobarán si conserva polvo primigenio depositado por las colisiones de cometas a lo largo de la historia.
Investigadores del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) han demostrado que la geoquímica de la Tierra primitiva pudo desempeñar un papel clave en la química que precedió al origen de la vida. El estudio revela que la composición y abundancia de determinados minerales influían directamente en el comportamiento del ácido cianhídrico (HCN) en entornos acuosos, una molécula considerada fundamental en los procesos químicos prebióticos.
Los resultados muestran que los minerales no solo condicionaban la diversidad de compuestos generados, sino también la selectividad de las reacciones químicas, dos factores esenciales para comprender cómo los primeros sistemas protobiológicos evolucionaron hacia formas de vida más complejas. Este trabajo aporta nuevas evidencias sobre la estrecha relación entre geología y química prebiótica, reforzando la idea de que las características del entorno terrestre primitivo fueron determinantes en los primeros pasos hacia la vida en nuestro planeta.
El Centro Espacial de Canaria (CEC), perteneciente al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), ha recibido la visita del alumnado y profesorado de la 34.ª Promoción de la Academia Básica del Aire en una jornada que reunió a más de 188 participantes, convirtiéndose en una de las visitas institucionales más numerosas acogidas por el centro en los últimos años.
La iniciativa tuvo como objetivo acercar a los futuros suboficiales del Ejército del Aire y del Espacio a las capacidades tecnológicas y operativas del CEC, una infraestructura estratégica para el desarrollo de las actividades espaciales nacionales e internacionales y pieza fundamental del segmento terreno de numerosas misiones espaciales.