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El INTA se abre al exterior: Esteban Terradas y Theodore von Kármán

El Instituto se abrió pronto a la colaboración con el exterior, pese al aislamiento político de España en aquellos años. Y no cualquier colaboración. El visitante extranjero que estableció lazos más estrechos con el INTA fue nada menos que el húngaro Theodore von Kármán, considerado como el mayor especialista en aeronáutica del siglo XX. Si von Kármán jugó un papel de primer orden desde el extranjero en esa fértil relación del INTA con el exterior, desde la propia institución hay que destacar el papel jugado por Esteban Terradas, presidente del primer Patronato del INTA, cargo que desempeñaría hasta su muerte en 1950.

 


Theodore Von Kármán

 


Esteban Terradas

Del importante papel jugado en el INTA por Esteban Terradas da idea el hecho de que, menos de tres meses después de su fallecimiento, el BOE publicara un decreto con un artículo único, que determinaba que al nombre del INTA se le añadiera en lo sucesivo el de "Esteban Terradas". Incluso antes de la creación del INTA, cuando el Instituto era sólo un proyecto del gobierno, Esteban Terradas hace gestiones en Alemania para la adquisición de material destinado al futuro laboratorio de motores.

Y en 1943, según le explica en una carta de mayo de ese año al gran matemático Rey Pastor, está trabajando en los planos de un túnel aerodinámico del Instituto. Al año siguiente, Terradas es nombrado jefe del Departamento de Motores. La labor de Terradas no se limitó a la presidencia del Patronato, sino que tuvo una participación muy activa en la organización del INTA. Así, encargó la estructuración de algunos nuevos departamentos, como el de Física (a Julio Palacios) y el de Química (a Antonio Mora). En ese encargo, Terradas precisaba que no debía tratarse de una investigación académica, sino de investigación aplicada; lo que, por cierto, sólo se lograría en el segundo caso.

Terradas desarrolló una importante labor que casi cabe calificar de diplomática. En octubre de 1944 —es decir, antes del final de la guerra mundial, con todo lo que esto implicaba— emprende un largo viaje a Estados Unidos, de más de nueve meses, en el que, entre otros propósitos, tiene el encargo del INTA de “estudiar la posibilidad de adquisición de materiales diversos y aparatos que puedan interesar al Instituto”, según informaba el director general al Patronato. También en ese viaje explora la posibilidad de que parte del personal del INTA pudiera ampliar estudios en EE UU, ya que el interés por la formación del personal fue una preocupación constante de Terradas.

El resultado fue desigual. Si bien se logró adquirir algún material (por ejemplo, tres dinamómetros de General Electric), la propuesta de enviar becarios no encontró la acogida deseada. El catedrático de Aeromotores del MIT, Edward Taylor, una de las muchas personas con la que se entrevistó, le aconsejó con franqueza “no hacer nada hasta que se aclare la situación política”.

Cerrada, pues, esa vía, Esteban Terradas invirtió la estrategia: que fueran profesores extranjeros los que visitaran España. Hay acuerdo entre quienes vivieron esta etapa en destacar el papel de Terradas en esta importante labor. Como ha escrito Felipe Lafita, “sus relaciones personales nos permitieron que las más destacadas personalidades internacionales en las diversas materias de las ciencias exactas” dirigieran cursos de estudios en el INTA. Entre esas destacadas personalidades internacionales se encontraron Kampé de Feriet, Peres, Milne Thomson, Maurice Roy, Luigi Broglio, Eula, Lorenz, Nobile y, de modo muy destacado, tanto por su importancia como por la asiduidad de sus visitas, Theodore von Kármán.

Von Kármán se convertiría, en efecto, en el mejor “embajador” español (o del INTA) ante Estados Unidos, como prueban algunas cartas suyas avalando a Felipe Lafita, Antonio Pérez-Marín y otros ingenieros aeronáuticos, que, efectivamente, serían invitados a visitar diversas instalaciones aeronáuticas de aquel país. Ya en su primera visita a España, en 1947, von Kármán se puso en contacto con Esteban Terradas, quien, un año después, invitaba al húngaro a pronunciar un ciclo de conferencias, por las que el INTA le pagaría 10.000 pesetas, más los gastos de alojamiento y transporte. Siguiendo una vez más a Sánchez Ron, podemos decir que la relación con el profesor Theodore von Kármán “constituyó una ayuda importante para facilitar el establecimiento de relaciones con Estados Unidos”.